Tal vez me haya acostumbrado tan rápido que me he olvidado de lo extraño que me pareció al principio… Por eso, cuando alguien viene a visitarme y les veo la cara cuando les explico que tienen que sacar su calzado para entrar al pabellón, me imagino la mía hace unos meses.
El primer día que pisé un pabellón en Finlandia para tener una reunión, hice lo mismo que la persona que me acompañaba: descalzarme y dejar mis zapatillas en los estantes de la entrada. Y a continuación, tener una charla en la oficina, pero en calcetines.
No entendía muy bien el concepto del descalzo hasta que vi que allí lo normal era eso: el público descalzo en la grada, algunos entrenadores dirigiendo un partido en chanclas (o en calcetines), ¡hasta me ha pitado un partido del torneo de verano un árbitro en calcetines!
En España siempre suele haber en los pabellones un letrero que dice… “prohibido entrar con calzado no deportivo” … pero a la pista acaban accediendo muchas personas con calzado deportivo, pero que viene de usar en el exterior.
Cuando llegó el invierno aquí entendí todo… Finlandia es literalmente “un bosque” que se cubre de nieve, hielo y agua los meses de otoño e invierno. Todo lo que recogen los zapatos al atravesar el bosque, entra en las pistas. Es por ello que cada pabellón tiene estanterías para dejar el calzado que traes del exterior y que lo dejes allí para acceder a la pista, o a la zonas de gradas.
La gente suele ponerse en invierno calcetines de lana (algunos de que los tejen ellos mismos mientras ven el partido o mientras están en una reunión; otra cosa que me sorprendió mucho al principio pero que ya veo como algo habitual y hasta entretenido y relajante), hay personas que tienen un calzado en sus bolsos para cambiarse al entrar, y otros prefieren el estilo chancla y calcetines.
Curiosamente, todos, o la mayoría de los entrenadores, dirigen sus entrenamientos con zapatillas de basket. Y es que para ellos es “el calzado de entrar en la pista de baloncesto”. Es decir, lo que hacen los jugadores normalmente. Yo hacía años que no tenía zapatillas de basket, y aunque me he hecho con unas, prefiero permanecer en el modo tradicional de usar “zapatillas de deporte” con la única diferencia de que tengo unas que sólo uso para entrenar.
El hecho es que es increíble la cultura del descalzo porque va asociada al del cuidado de las instalaciones. Tienen la suerte de tener pabellones realmente fascinantes, muy cuidados y que mantienen en condiciones excelsas gracias, no sólo a los bedeles del pabellón, sino al respeto de todos los jugadores, entrenadores y al público.
¡Y lo mejor de todo…! Nunca los pierdes entre la multitud de zapatillas de las estanterías o las que dejan por el suelo. Si por el motivo que sea, olvidas tus zapatillas allí, tranquilo que seguirán allí un mes después, en la misma estantería y sin variar de posición.
¡Ah! Y la cultura del descalzo va de la mano a “la cultura del café” en cualquier momento del día. Rara es la vez que un entrenador, cuando su equipo está calentando, no esté sentado en el banquillo tomando un café del chiringuito del pabellón. ¡Lo mismo en el descanso del partido! Me han ofrecido varias veces ese “café-ritual”, pero… ¡cómo voy a tomar café en ese momento de tensión y nervios! Prefiero “llevarme el café puesto de casa”.
Y yo pensando que Bagheera necesitaría botas para andar en la nieve y no lastimar sus almohadillas… ¡Lo que necesita es una limpieza de patas antes de entrar en casa para dejar la nieve fuera!
Lo dicho, que si quieres entrar en un pabellón de este país, asegúrate de que llevas los calcetines «en regla», aquí no puedes aprovecharlos hasta el último hilo…